Mariposas

Hace mucho tiempo que ya no notas aquella sensación en tu estómago cuando se acerca hacia ti. Todavía no te has dado cuenta, pero las mariposas que tienes dentro han dejado de volar. La monotonía ha cortado sus alas y, al igual que ellas, has perdido la sensación de libertad.

 

Las mariposas han cerrado los ojos, de forma definitiva. No quieren verte llorar cuando te ahogan las cuatro paredes que forman tu hogar. Quieren pensar que sigues siendo feliz, igual que cuando eras joven y tomaste decisiones que cambiaron tu vida. No quería decirtelo, pero también han dejado de sonreír.

 

Las mariposas han dejado de hablar. Ya no interactúan entre ellas. Han dejado de tomar decisiones, dejando que sea tu cerebro el que mande sobre tu persona. Callan para que nadie se entere. El miedo es su mayor confidente.

 

Cansadas de la situación han decidido hacer una metamorfosis invertida y se han metido dentro de unas larvas.

 

Pero hoy vuelves a tener la condicional. Una buena cena combinada con un buen vino hacen que tus ganas de libertad reaparezcan. Vuelves a sentir como se rompen las crisálidas. Vuelves a sentir sensación de revoloteo dentro de tu estómago.

 

¿Un beso? Y a volar, muy lejos de aquí, donde puedas respirar aire fresco.