Apagón

Se trataba de una noche extraña. Llovía a cantaros y mis amigos decidieron darse por vencidos, volver a sus casas antes de que la tormenta fuera a más. Yo decido quedarme a espensas de que afloje el temporal. Hacía tiempo que no veía diluviar en mi ciudad. Primer apagón.

 

Se para la música por unos segundos. Se apagan las pantallas de televisión del local. Como si se tratara de un concierto, todo el mundo empieza a alumbrar con sus teléfonos. Me siento cómodo, decido tomarme otra copa.

 

Vuelve la luz. Vuelve la música. La ponen a todo volumen. Pero de repente, se funden mis plomos y se hace el silencio en mi cabeza cuando la veo entrar por la puerta del local. Nunca había visto a nadie que le quedara tan bien la lluvia.

 

Tiene todas esas cosas que me gustan superficialmente. Pelo rubio, no muy largo. Muy rubio, incluso mojado se percibe su color natural. Cuerpo de tamaño pequeño, de esos que no necesitas un carné de clase alta, de esos que con el B1 son fáciles de manejar. Ojos azules, los cuales se cruzan con los míos cuando pasa por mi lado. Labios que dan ganas de morder. Percibo algún tatuaje de esos que dan ganas de borrar a lametazos. Su mano derecha cogida de la mano de su acompañante. Deduzco que su pareja.

 

Segundo apagón. Esta vez dura un poquito más. Ellos se sientan en la barra. Pienso en la frase de mi amigo antes de irse: “Una retirada a tiempo es una victoria”. Pero siempre quiero más de lo que puedo tener. Vuelve la luz. Algunas personas se van del local debido al alto volumen de la música.

 

Decido ir a pedir una última copa. Me sitúo en un lugar estratégico, cerca de ella. Se gira y me suelta un: “Te conozco de algo”. Empezamos una conversación. Invito a unos chupitos de un licor fuerte. Me doy cuenta que no sólo me gusta superficialmente. Me doy cuenta que se trata de una chica de las que dejan cicatriz. Para apaciguar los ánimos converso disimuladamente con su acompañante. Por suerte no mucho, se distrae con unos amigos suyos que acaban de llegar. Sigo con ella. Me debes una ronda.

 

Nos empezamos a dar cuenta de que queremos algo más el uno del otro. Nos prometemos pasar la noche juntos y despertarnos mañana uno al lado del otro. Hacemos otros chupitos. Aprovecho que su estado de embriaguez empieza a acentuarse. El volumen de la música juega a mi favor, le susurro un plan al oído.

 

Apagón. Beso rápido para no levantar sospechas. Me despido y me voy.

 

Veinte minutos después la recojo en el punto pactado. Nos divertimos. Nos besamos en repetidas ocasiones. Corremos y bailamos debajo de la lluvia hasta llegar al portal de mi casa. Nos desnudamos en el ascensor sin miedo a que nos pille algún vecino. Entramos empapados y follamos desconsoladamente por todos los recónditos lugares de mi piso. Nos acostamos juntos tal y como habíamos prometido. Hacía mucho tiempo que nadie me abrazaba durmiendo.

 

Un insolente Sol me despierta por la mañana. Me levanto sólo, vacío y con una gran sensación de resaca. Se fue, al igual que la tormenta, sin cumplir su promesa. Dejándome el suelo empapado y una cicatriz en el corazón.