Besos furtivos

Todo empieza en aquel bonito lugar de playa donde sueles pasar tus fines de semana. Un lugar muy tranquilo, ideal para apaciguar aquella adrenalina que corre demasiado rápido por tus venas.

 

Con una pequeña camiseta de tirantes y un pantaloncito corto con un estampado de frutas decides tumbarte en mi cama. Antes prefieres eludir tus responsabilidades y las mías, recordándome que no pasará nada entre nosotros y que si pasa, yo te pararé para que no te sientas mal por la mañana. Me gusta el reto, casi tanto como tú.

 

Me hablas de un paraíso como si se tratara de la tierra prometida. Allí no hay obligaciones ni responsabilidades. Allí nuestras consciencias pueden navegar tranquilas.

 

Seguro que tu adición a hacer cosas prohibidas viene de lejos. De muy pequeña descubriste que las galletas robadas de la caja sabían mejor que las que te daba tu abuela pidiéndolas. De adolescente, meterte en líos te llenaba más que ser la buena niña que querían tus padres. Te coronaste como la oveja negra de la familia. Papel que aún arrastras por tus errores pasados. De mayor descubriste que colarte en sitios prohibidos llenaba tu ego. Que los duros golpes en la cara te hacen cada vez más fuerte. Que los hombres rebeldes siempre te han atraído, por más daño que puedan hacerte. Que el sexo es la droga más grande de todas. Que practicarlo en lugares públicos es morbosamente adictivo.

 

Apagas las luces y en menos de dos segundos te lanzas sobre de mi. Me enciendes, me calientas, me besas. Te quitas la parte superior del pijama. Me quito el pantalón. Seguimos rozándonos. Me recuerdas que estamos incumpliendo el trato. Cojo aire, te paro, me paro.

 

Pero no sabes que yo soy como tú. Que mi vida coge color cuando la vivo a escondidas. Que me gustan las chicas rebeldes por más malas que puedan ser para mi. Que aguantaré tu primer beso, quizás el segundo, sin caer en la tentación. Que te provocaré para que tu caigas en ella y no me sienta el principal responsable de lo ocurrido.

 

Y aunque seas igual que yo, la diferencia de edad hace que haya una cosa que todavía no hayas aprendido. Que los besos furtivos dejan una cicatriz más grande que los rutinarios. Que besaras otros labios pensando en los míos. Que saciaras tu sed carnal pensando que soy yo quien está dentro tuyo. Que dormirás al lado de otro, soñando conmigo. Que no hay mayor placer en el mundo que hacerlo a escondidas.