La parte posterior

Lo reconozco, soy un obseso de los culos. Matizando, los culos de las mujeres. No puedo evitarlo.

 

Cada vez que me cruzo con una mujer que capta mi atención visual, es decir, que encuentro guapa a simple vista, tengo que mirar su parte posterior. Con los años he ido perfeccionando la técnica, sin dejar rastro, sin llamar la atención de los demás. Cruzo una pierna por delante de la otra, giro suavemente el tronco superior acompañado de una leve rotación de cuello, levanto la mano izquierda y hago ver que miro el reloj. La mayoría de personas que están en el mismo lugar observándome, piensan que el culo es sólo el paisaje del retrato.

 

Me gustan con formas redondeadas, de tono claro, de aquellos en los que puedes distinguir dónde empieza la pierna. Me gustan fuertes, pero sin excesiva rigidez cuando les das una pequeña cachetada. Prefiero más bien que sobre un poquito de carne, en esa zona, más que no falte. Que mi boca coincida perfectamente cuando quiera darle un mordisco. Odio los hoyuelos marcados en los laterales, pero si que me gustan los que pueden aparecer en la rabadilla, aunque tampoco los priorizo. Constituido por nalgas suaves, sin exceso de bello, que puedan utilizarse de almohada cuando quiera echarme una siesta. La mejor forma de vestirlos, el desnudo. Me gusta verlos y observarlos tal como son. Aunque no descarto algún vestido picaron en forma de tanga, sin importarme el diseño o el tejido. Nunca bragas.

 

La de mujeres que he conocido y he llegado a descartar porque, una vez desnudas, no me ha gustado su retaguardia. Demasiado grande, demasiado pequeño, hoyuelos laterales, plano, demasiado pelo, tono demasiado oscuro … Lo reconozco, puede que sea muy “tiquismiquis”, pero es mi obsesión particular, mi tendón de Aquiles, mi criptonita, mi debilidad.

 

No hay nada mejor, ahora que llega el verano, y las mujeres empiezan a ir ligeras de ropa, que sentarse en una terraza a tomar algo con los amigos. Mientras tomo una cerveza bien fría observo. Buff … Mira esa que culazo. Y la otra, con un contorno perfecto, enseñando nalga vistiendo un “short” muy ajustado. Es como si te contaran el final de una película a los dos minutos de empezarla, sin dejar trabajar a tu imaginación. Y esa otra, con una falda transparente a contraluz, dejando entrever un tanga espectacular. Me pregunto quien será el afortunado capaz de profanar tales formas diabolicas.

 

Pero llega el momento sublime. El culo perfecto. Vistiendo un pantalón vaquero desteñido de cintura alta. Noto que capta la atención de todos los hombres de la terraza, incluso la de alguna mujer. Se sienta a mi lado, me besa y con una dulce voz dice:

 

- Cariño, ¿Nos vamos?