Cambio de sentido

El viaje no podía empezar de peor forma. Mi audi A3, el cual había acabado de pagar hacía justo un año, no me abría sus puertas. Supongo que se trataba de un fallo en el cierre centralizado, o quizás, era el preludio de lo que iba a ser un mal día.

Te pasé a recoger y allí estabas tu, en tu portal, esperándome con aquella cara que últimamente se ha apoderado de tu dulce expresión. Esa cara de robot, inexpresiva, mostrando la indiferencia en la que vive tu corazón. Tu mano izquierda sujetaba una maleta pequeña, capaz de guardar y contener todos los sentimientos y emociones que hemos vivido este último año.

De nada habían servido las últimas vacaciones obligadas pero a la vez merecidas. Dónde intentamos escapar de nuestras rutinas, de la gente tóxica que envuelve nuestras vidas, de nuestra relación situada en una habitación de la UCI con nuestros pulmones intubados a bombonas de oxígeno y nuestro cuerpo monitorizado, mostrando constantes vitales bajas, al borde de la muerte.

Conducimos sin dirección. Por el camino nos saltamos el desvío de “ir a vivir juntos”, el peaje de “casarnos” o de recoger a un/a autoestopista, con mis ojos, tu pelo negro y una sonrisa de aquellas que enamoran a primera vista. Pero se encendieron las luces de emergencia, fallo de motor, olor a goma quemada, ruido estremecedor, humo y reserva de gasolina. Así que decidimos parar nuestro coche. Repostar el amor perdido en una estación de servicio, reparar nuestros corazones rotos y reemprender el viaje de nuestra vida.

Pero el GPS se quedo sin cobertura y tú siempre has sido un desastre interpretando los mapas. Nos llevaste, alego que fue de forma involuntaria, al borde de un precipicio. No había salida. O pisábamos el freno, o caíamos juntos hacia la muerte.

Así que decido hacer una maniobra de esas dignas de las mejores películas de carreras de coches. Giro todo el volante hacia la izquierda, tiro tan fuerte como puedo de la palanca del freno de mano y … Derrapamos, saltan chispas en el asfalto, consigo girar el coche. Logro hacer lo que se llama un cambio de sentido.