MIS ENTIERROS Y MIS BODAS

 

Reconozco que llegué a conocerme

el día que me partiste el alma en dos,

de tanta lluvia no pude protegerme,

ya que sólo tenía sirope para la tos.

 

Escapaste con tu amante preferido

diciéndome que ya no me querías,

de un charco recogí mi corazón herido

y juré que algún día te enterraría.

 

Del desamor aprendí la lección,

siempre que me caigo me levanto,

sea en el suelo o en mi colchón.

 

 Hoy, te pediré que no vengas

ni a mis entierros ni a mis bodas,

por mucho más que te arrepientas.