Pistas falsas

Después de unas cuantas semanas inmersa en una rutina de la que no sabes como escapar decides evadirte unos días. Lo haces como una escapista profesional, organizando un chat de grupo con tus antiguos compañeros de clase. Consigues persuadir a algunos y logras montar un viaje de fin de semana. Eliges Roma como destino, no sé si lo haces por el amor eterno o para expiar tus pecados.

Y me dejas aquí, sólo. No te has dado cuenta de que yo también he caído preso de la monotonía, del salir de casa para ir a trabajar y del salir del trabajo para volver a casa. Aprovecharé que no estás para desaparecer. No me subestimes, podría llegar a hacerlo sin moverme de mi sofá.

Aunque la que está lejos de todo eres tú, el miedo te corrompe. Ya no confías en mi. Supongo que me enviaras mensajes de voz a todas horas, para saber dónde estoy. Preguntaras a tus amigos nocturnos si me vieron en alguno de esos antros que frecuentaba. En tus momentos de más debilidad llegarás a creer que me he metido en líos, que he aprovechado tu ausencia para hacer lo que no puedo hacer contigo o incluso que he conocido a otras chicas.

Y llegará el adversario más temido del mundo, tu miedo. El miedo a hacerle caso a los demás, el miedo a no hacerlo, el miedo a provocarte más daño todavía, el miedo a beber más de la cuenta para difuminar la realidad, el miedo a depender de que los demás te levanten cuando vuelvas a caer … La gente te dice que no mires hacia atrás. La gente miente más que habla. Aunque debo reconocer que a lo que tengo más miedo es a que tengan razón.

Pero hoy afrontaras tus miedos. Por primera vez en mucho tiempo vas a ser valiente. No pienso decirte ni con quién voy a cenar, ni que voy a hacer, ni a dónde voy, ni en que lugar acabaré durmiendo. Sé que tu ímpetu te hará investigar, estoy preparado para jugar a este juego. Pero te advierto, al igual que el delincuente más hábil o el ladrón más buscado, no te lo pondré fácil. He dejado pistas falsas.