Mentiras consentidas

Los dos sabemos que nunca llegaremos a saber nuestros verdaderos nombres. Nos desnudamos con la mirada al mismo tiempo que intentamos mantener una conversación. Empezamos a comprender que queremos algo más el uno del otro. Acordamos que sea un momento único, sin números de móvil, sin preguntas innecesarias, sin buenas noches ni buenos días por la mañana.

 

Hoy te has levantado confusa y resacosa, con media sonrisa en la cara, aceptando que vivimos una noche de mentiras consentidas. Pero algo falla en el contrato que firmaste con el diablo y tienes ganas de volver a verme.