Una tarde de Abril

Todo empezó una tarde de Abril. Me despertó de la siesta una discusión entre niños en el parque de enfrente de mi casa. Los retoños discutían por la posesión de un balón de fútbol mientras emulaban a sus ídolos. Hacía un día perfecto, un radiante Sol iluminaba las esperanzas de todos los náufragos que habían perdido la dignidad durante aquel largo invierno.

Decidí salir a pasear. Pensé en sentarme a tomar algo en la terraza de algún bar y de paso broncear mi piel, color blanco nuclear en los meses de frío. Mientras me bebía un refrescante zumo de naranja pensaba que podría hacer para cenar. Me levanté y decidí ir al supermercado. No recordaba, en el camino que tenía que recorrer pasaba por delante de aquella casa.

La casa de nuestros sueños. Situada en el mejor barrio de nuestra ciudad, con un jardín enorme, con la fachada encarada hacia las montañas de Montserrat y el comedor hacia el Oeste para ver las puestas de Sol. Habían quitado el cartel de “se vende”, después de dos años de ver que no conseguía venderse había llegado a dejarme poseer por la mera ilusión de que un día sería nuestra.

De repente se abrió la puerta del jardín y apareció la pareja que nunca fuimos. Ella llevaba un vestido primaveral muy floreado, con el pelo recogido y una piel morena envidiable, me recordaba a ti. Él llevaba el mismo “look” que yo. Camisa de cuadros con una camiseta estampada con dibujos debajo, como las que llevo siempre. Pantalón vaquero roto y una barba dejada de un par de meses. De su mano salía una correa, atada al otro extremo al collar de un perro precioso. Me recordaba mucho al “Golden” del que nos enamoramos un día en una tienda de animales. Seguro que dormían en nuestra cama, comían nuestra comida y se bañaban en nuestra piscina. Se miraban con cara de estar muy enamorados, o lo fingían a la perfección. Ya no recuerdo esa mirada. Empezó a volar mi imaginación y vi que ella estaba embarazada. Posiblemente se trata de una niña, a la que llamarán Daniela, la cual estará enamorada de su padre desde el mismo instante que nazca.

Pero de repente un capote de nubes enluta la tarde y me devuelve a la realidad. El azul celeste se vuelve gris y empiezo a visualizar relámpagos a lo lejos. De repente desaparece la pareja y reaparece el cartel de “se vende”. ¿Ha sido un espejismo? Será mejor que vaya a comprar rápido y vuelva a casa. Tan solo se trata de una tarde de Abril.