Te voy a contar mi secreto

Era una noche tranquila. Estaba mirando el reloj, esperando que fueran las diez, para poder fichar e irme del trabajo. De repente sonó mi móvil, lo necesitaba, leí aquellas palabras que me dieron alas: “¿Vamos a cenar?” y apareció aquel pequeño demonio encima de mi hombro, que conocí, hace muchos años, en la cueva de tu ombligo y me visita de vez en cuando. Nos quedamos callados, mirándonos frente a frente. No tuvo que decir nada para convencerme.

Quedé con mi compañero de aventuras. Lo que empezó siendo una cena de amigos se alargó hasta altas horas de la madrugada, como siempre. En aquel preciso momento me empezó a invadir una sensación de inmortalidad y empezó mi transformación. Me volví un ser diferente, incapaz de ser comprendido a tus ojos. 

Te voy a contar mi gran secreto, tengo poderes. Hace un tiempo que he experimentado cambios, en mi cuerpo, en mis sentimientos, incluso en mi forma de ser y pensar, los cuales son muy difíciles de explicar.

Crecí en el mundo de los cómics y las películas de aventuras. ¿Quién no ha querido nunca ser Spiderman? ¿Y William Wallace? ¿Y Robinson Crusseau? ¿Y Batman? ¿Y Son Goku? Salvar al mundo, combatir a los delincuentes, vengar a mis seres queridos y pagar el precio de la fama, ser un incomprendido o repudiado por la mayoría de la sociedad. He adquirido lo mejor de cada uno de ellos y me pongo un disfraz o otro según la ocasión.

Me esfumo, me evado y desaparezco como haría el hombre invisible. Te espío sin que tú notes mi presencia. Descubrí este poder el día que pasé por tu lado y tú tan siquiera me viste. A veces me vuelvo Son Goku en mi soledad, me siento la persona mas fuerte del mundo sin tu presencia e intento reunir las bolas de Dragón para vivir muchas aventuras y llegar a cumplir mis sueños. Adquiero la velocidad de Flash cada vez que huyo, que escapo de mis problemas, que corro sin dirección, sin saber hacia donde tengo que encarar mi vida. Sería inútil intentar atraparme.

Y acabamos en el bar de siempre. Antes pude entrar en la cabina telefónica de enfrente y allí me puse un disfraz. Escogí ser una persona segura de mi misma, fuerte, extrovertida, infalible y con ganas de pasar una gran noche con mi amigo. Activé mis rayos X al entrar por la puerta, como el mejor “vouyeur” aproveché para ver el lado más íntimo de cada persona. ¡Funcionó! Comencé a notar ojos que se clavaban en mi, que me deseaban.

Fuimos hasta la barra del fondo, volvía a sentirme invencible. Pero de repente, sentí una puñalada en el estómago, un fuerte golpe en las costillas y un puñetazo en la cara. Caí de rodillas al suelo pero puede apoyar en él mis manos. Levanté mi cabeza y entonces te vi. Me mirabas con cara de odio.

En aquel preciso momento entendí que eras mi talón de Aquiles, mi cola de sayajin, mi color amarillo, mi martillo de Thor, mi murciélago, mi kriptonita y sin lugar a duda, mi punto débil.