Todo sigue igual

Me siento como si estuviéramos dentro de una canoa, en medio de un lago, mirándonos frente a frente. El mar está tranquilo, el día despejado, no visualizo ninguna otra embarcación, pero ya no confías en mí. Te gustaría que yo cogiera los remos y decidiera en que dirección remar, siempre te ha gustado que asuma los galones de capitán. Pero no puedo, veo tristeza en tus ojos y aunque te tenga delante mío, te noto distante. Empiezo a creer en la teoría que el amor son vasos comunicantes donde uno quiere y otro se deja querer. 

De repente visualizo un pequeño agujero en el suelo por donde empieza a entrar agua. Intento taparlo de forma rápida para no acabar en el fondo del lago. Tú permaneces quieta, sin ayudarme, como si quisieras que nos hundiéramos juntos. Nos empezamos a desnivelar, ya no estamos a la misma altura, tu estás a punto de tragar agua. Intento salvarte, recuperarte, volver a ponerte delante mío y para hacerlo te susurro al oído: “Todo sigue igual”.

Sigo viviendo en la misma ciudad, en la misma calle y en el mismo bloque de pisos. No he hecho cambios en casa. De la pared del comedor siguen colgadas aquellas dos fotografías donde se ven reflejadas nuestras caras de niños, jóvenes inocentes que un día decidieron ir a vivir juntos. Todavía me hacen daño cuando las miro.

La cama sigue igual, las mismas almohadas, las mismas sábanas de Ikea, y muchas mañanas no la hago antes de ir a trabajar. Sigo haciendo todo lo que puedo para hoy, pero dejando algo por hacer mañana. Sigo quedando con mis amigos, comiendo fruta después de comer y un yogur después de cenar, bebiendo algún que otro jägger cuando salgo por la noche. 

Sigo dedicándome al deporte, jugando a fútbol en mis ratos libres. Mi adicción a la adrenalina me hace seguir subiendo montañas de más de tres mil metros de altura. Mis objetivos siguen siendo los mismos, dedicarme a la docencia de aquí unos años, sin saltarme la fase de probar suerte abriendo una pequeña escuela de submarinismo en alguna pequeña isla de Asia.

Mis sentimientos hacia ti tampoco han cambiado. Sigo queriéndote, pensando en ti, deseando que llegue la noche para poder cenar algún día juntos. Sigues siendo la chica de la que un día me enamoré.

Pero hay algo en lo que te miento, algo que sí ha cambiado, algo que no es como te esperabas: yo.