Peter Pan

Me sentía acorralado, me tenías entre la espada y la pared, estaba a punto de perder el partido, pero en el último segundo decidí arriesgar. Después de que bajara el tono de la discusión quise ponerle punto y final, terminarla diciendo una frase que siempre me ha funcionado: Tranquila, a partir de hoy mismo, voy a madurar.

Funciona. Te relajas mientras yo me pregunto: ¿Qué significa esta palabra? ¿Por qué la oigo tan a menudo? ¿Por qué todas las mujeres buscan un hombre joven, de cuerpo atlético, con mucha pasta y, a la vez, maduro?

Se dice que el famoso síndrome de Peter Pan es un problema muy constante en nuestra sociedad. Se caracteriza por la inmadurez en ciertos aspectos psicológicos y sociales. El sujeto crece, pero la representación interna de su yo es el paradigma de su infancia que se mantiene a lo largo del tiempo.

Creo que estas equivocada. No tengo miedo a envejecer, hace mucho tiempo que cambié mechas por canas. No soy irresponsable, aprendí que todo acto tiene sus consecuencias, algunas de las cuales sigo pagando a día de hoy. No soy dependiente, con el paso de los años he aprendido a convivir conmigo mismo, a decir adiós a los seres queridos que nunca volveré a ver. Me reinventé después de cada caída y sobretodo, aprendí a renacer y crear un nuevo yo cada vez que me he sentido obsoleto. Asumo que no puedo caer bien a todo el mundo, que mucha gente me va a odiar simplemente por ser como soy. Entendí que solo hay que dar importancia a las cosas que realmente lo merecen, la mayoría de veces ninguna.

Reconozco que fue muy duro descubrir que nunca tendría superpoderes como los X-men, que nunca llegaría a jugar en el Barça, que nunca iba a ganar un balón de oro, que jamás llegaría a follar con Angelina Jolie, aunque no lo quiero descartar del todo, y que no volverías a quererme tanto como llegaste a quererme un día.

Pero creo que el problema no soy yo, ni el niño que llevo dentro, el cual me posee en numerosas ocasiones. A veces me entran ganas de tirarme por el suelo, llorar, gritar y patalear a la vez , cuando no me haces caso, de ponerme los dedos en las orejas cada vez que quieres discutir, de reírme a carcajadas cuando algo sea gracioso o incluso de liarme a tortazos con el primero que manche mi honor.

Te prometo que asumiré que hay cosas que ya nunca llegaré a hacer, aunque encontraré nuevos retos para superarme.

En conclusión, se que por mucho que yo intente cambiar, que intente madurar y hacer desaparecer mi Peter Pan, tú nunca vas a ser mi campanilla.