El despertar de mis sueños

De pequeño siempre fui a un colegio concertado. Mis padres se gastaron la pasta invirtiendo en mi educación, cosa que siempre voy a agradecer. Allí fue donde conocí a mis mejores amigos, de los cuales algunos conservo a día de hoy. Los mejores años de mi vida, los mas grandes recuerdos, las mas locas gamberradas y lo mas importante: ella.

La conocí un poco tarde. Llego en el último curso de sexto de primaria y apenas estudiamos juntos un año. Intercambiamos infinidad de sonrisas, miles de miradas, centenares de abrazos, algunos enfados y ningún beso. Exacto, nunca llegué a decirle lo que sentía por ella. Aunque creo que la atracción era mutua ninguno de los dos llegó a dar el paso. Tan solo éramos niños disfrutando de nuestra infancia.

Y terminó el curso … y desapareció como por arte de magia.

La busqué (odio que no existieran las redes sociales por aquel entonces). Algún amigo común me contó que le pareció verla en un pequeño pueblo costero cercano a Hondarribia. Pero debido a mi falta de recursos, aún no tenía carné de conducir, decidí cancelar mi búsqueda. En numerosas ocasiones me visitó su fantasma para poder consolarme en las noches frías de invierno. Sólo eran sueños. La di por perdida. La convertí en algo que nunca ninguna mujer podrá sustituir, en mi amor platónico.

Apunto de cumplir los treinta, volví a notar aquella sensación en un bar que frecuentaba. Solo entrar, la vi sentada en una mesa al lado de la barra. Sin lugar a duda, era ella. Habían pasado los años en su cuerpo y en su pelo, pero aquella mirada seguía siendo tan penetrante y me seguía estremeciendo como cuando eramos niños. Dieciocho años después reemprendimos aquel juego de miradas y sonrisas que habíamos empezado en el patio del colegio. Por la cabeza me rondaban un montón de preguntas: ¿Se acordaba de mi? ¿A qué se dedicaba? ¿Estaba casada? ¿Divorciada? ¿Tenía algún retoño? ¿Seguía calando en sus huesos como ella en los míos?

Antonio Machado (1875-1939), poeta y prosista español dijo: “Si es bueno vivir, todavía es mejor soñar, y lo mejor de todo, despertar.” En aquel preciso momento estaba viviendo un sueño que llevaba muchos años perturbándome.

Así que, di un buen trago a mi copa de “Jagger-Cola”, me armé de valor y … decidí marcharme.

Elegí despertar, pasar página al darme cuenta de que ya era demasiado tarde. Pensé que si convertía mi amor platónico en el amor de mi vida dejaría de soñar con ella, perdería la motivación de irme a la cama cada noche e incluso dejaría de quererla tanto como la quiero ahora.